Y me sentí... atónita


Aligned with Ilusion- @dualipa
Una historia sobre autoridad, una ilusión y un café.                                                                                   

Hay momentos en los que una entiende que algo no tiene sentido.

No porque falte información.
Precisamente porque hay demasiada.

Hoy recordé un trabajo en el que habían hecho algunos “cambios estratégicos” de personal.

Entre varias personas que aplicaron para una posición de supervisión —algunas realmente buenas— terminaron escogiendo a un muchacho de veintitantos.

No era mi problema.

Hasta que, un par de días después de su nombramiento, decidió hacerme una invitación.

—Come, let’s take a walk.

Así que caminamos por los pasillos.

Y entonces empezó a explicarme cómo debía crecer dentro de la organización.

A quién debía agradar.
Con quién convenía estar bien.
Quiénes debían tenerme en gracia.
Cómo debía moverme.

Y, finalmente, que él podía enseñarme todo lo que necesitaba saber para convertirme en una excelente ejecutiva.

Lo escuché.

Y pensé que había algo particularmente curioso en aquella conversación.

No era solamente que alguien con muy poca experiencia me estuviera explicando cómo desarrollar mi carrera😪.

Era la seguridad con la que lo hacía.

Como si el nuevo título hubiera venido acompañado automáticamente de experiencia.
Como si haber sido elegido significara haber aprendido.
Como si ocupar una posición fuera suficiente para comprenderla.
Como si la autoridad pudiera transferirse de un organigrama a una persona en el momento exacto en que alguien escribe su nombre en una casilla.


Yo podía haber discutido.

Podía haber explicado mi trayectoria.
Podía haber preguntado qué lo hacía pensar que necesitaba aquella lección.
Podía haberle contado todas las cosas que él todavía no sabía que no sabía.

Pero no lo hice.

Le dije:
—Bueno, muchas gracias.

Y fui por mi café.
Me senté en mi escritorio.
Y seguí con mi día.

No porque no hubiera entendido lo que acababa de pasar.
Porque lo había entendido perfectamente.

Hay una diferencia entre no prestar atención y decidir dónde ponerla.

Y, a veces, observar algo con suficiente claridad significa saber que no merece una reacción inmediata.
Solo una nota mental.

Quizá una línea en una libreta.

Porque algunas ilusiones no necesitan ser destruidas.
Solo necesitan que alguien las observe el tiempo suficiente para que se revelen solas.



                     

Lo vi.
Lo entendí.
Y decidí seguir tomando mi café. ☕️



Me sentí como, si no podía creer la osadía y, al mismo tiempo, entendía muy bien de dónde podía venir.

Esa seguridad con la que sostenía su discurso, esa arrogancia casi impermeable a cualquier duda, probablemente eran también el reflejo de lo que él mismo había recibido de aquellas figuras de “autoridad” que admiraba y a las que aspiraba parecerse.

Qué lástima que la dirección hubiera estado tan equivocada desde el inicio.

Porque, en el lugar y el environment correcto, quizá habría podido convertirse en alguien extraordinario.

Me vi reflejada en él en algunas cosas: en la pasión, en el entusiasmo, en esas ganas casi incómodas de hacer, de aprender, de demostrar que una puede.

Solo que, en algún punto, todo eso quedó opacado por el ego.

Y entonces entendí que quizá eso era lo que más me había dejado pasmada: no reconocer a alguien completamente ajeno a mí, sino reconocer en alguien más, algunas de las mismas cosas que alguna vez me hicieron avanzar… llevadas en una dirección completamente distinta.

Y me sentí… atónita.





Esta historia vive en: "Y me sentí"…

Un recopilado de experiencias, emociones y observaciones que ayudaron, directa o indirectamente, a formar Kuraigana.

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