Amiga, me tienes mama'a.
No todo merece foco:
—Amiga… Me tienes mama'a😤 hasta la coronilla con el temita de la triple torta🤨
Si el mop se pone en varas por pagar una hamburguesita sencilla —de una cadena accesible hasta para un adolescente—, usted le deja esa vaina ahí completita, se levanta, se compra una para llevar y se me va de ahí.
De una. 🤨🏃♀️💨
As simple as that.
Luego echa pa’l saco el dato:
First red flag. Dodged it. Y chao. 🚩
Porque tampoco hace falta hacerle un documental de tres temporadas al asunto🙇♀️.
Sí, puede ser un indicio de mezquindad.
Sí, puede decir algo sobre cómo esa persona entiende el cortejo, la generosidad o la reciprocidad.
Pero precisamente para eso una sale con alguien: para observar.
No para adoptarlo como proyecto personal.
No para educarlo.
No para convencerlo de que te trate como querés ser tratada.
Una observa, toma nota y decide.
Y es que me tienen mala con eso🤧
Es como el tema de las tradwives que anda en el aire.
¿Por qué les dan tanto vuelo?
Que si cocinan desde cero.
Que si el marido provee.
Que si ellas se quedan en casa.
Que si usan vestidos para recoger huevos y preparar pan artesanal mientras la luz entra perfectamente por la ventana.
Bueno…
Si esa mujer quiere vivir así, si lo eligió libremente y esa dinámica le funciona, es cosa de ella🫡
La libertad también incluye escoger una vida que desde afuera pueda parecer tradicional.
Yo misma, sin proponérmelo, estoy hoy en una posición que podría parecerse un poco.
Me toca pasar más tiempo en casa.
Me he hecho más cargo de la cocina y de todo lo que viene incluido en el paquete: pensar qué comer, cocinar, lavar, ordenar y volver a acomodar lo que misteriosamente se desacomodó cinco minutos después.
Y durante mucho tiempo fui bastante rejega con eso.
Yo decía que no sabía cocinar o que no me gustaba.
Pero en este viaje hacia adentro me di cuenta de que sí me gusta.
Me gusta cocinar.
Me gusta experimentar.
Disfruto preparar cosas casi desde cero porque siento que así conservo algo más orgánico, más raw, más nutritivo en la comida… según yo, tampoco me pidan aquí el estudio científico🤭
Con este tiempo en pausa, me di cuenta de que la cocina dejó de sentirse como una condena y empezó a convertirse en un espacio creativo.
Entonces entendí algo: lo que yo rechazaba no era cocinar. Era el condicionamiento🥸
Era sentir que me correspondía hacerlo simplemente por ser mujer.
Era esa vieja frase de “el hombre al laburo y la mujer a la cocina”, como si una hubiera nacido con un cucharón asignado y sin derecho a negociar los términos.
Y por miedo a volverme “sumisa”, durante años pude haberme negado el placer de crear, alimentar y saborear mi propia esencia.
La diferencia estaba en una sola cosa: la elección🍃
No es lo mismo cocinar porque alguien decidió que ese es tu lugar, que cocinar porque encontraste ahí una parte de vos que genuinamente disfrutás.
No es lo mismo cuidar por obligación, que cuidar desde el cariño.
No es lo mismo construir un hogar porque no te permitieron imaginar otra vida, que hacerlo porque esa es la vida que conscientemente elegiste.
Por eso no me interesa perseguir a cada mujer que decide vivir de una manera distinta a la mía.
Ahora bien…
Si su libertad empieza a atravesar la de las demás; si ya no se trata de decir “yo elegí esto”, sino de intentar convertirlo en el destino obligatorio de todas; si se comienza a hablar de reducir derechos o de que otra persona debería decidir políticamente por nosotras…
Ahí sí cambia la conversación.
Ahí sí alzamos la voz!
Y si alguna vez esa corriente llegara con fuerza a Costa Rica, yo misma saldría a aullar furiosa por mi derecho y mi libre albedrío. 🐺
Pero mientras tanto, también tenemos que aprender a diferenciar entre una elección personal, una opinión absurda y una amenaza concreta.
Porque siento que a veces confundimos feminismo y sororidad con la obligación de señalarlo todo, reaccionar a todo y hacerle bulla a todo.
Y no.
No toda opinión merece respuesta.
No todo personaje merece escenario.
No toda tontería merece instalarse en nuestra mente.
Está bien estar informadas.
Pero también debemos filtrar el contenido que consumimos y, más aún, el que compartimos.
Cada vez que compartimos algo por indignación, también lo amplificamos.
Le regalamos alcance.
Le prestamos nuestra audiencia.
Le damos un espacio gratuito en conversaciones que quizá nunca habría alcanzado por mérito propio.
Hay que ser selectivas con las batallas y colocar la responsabilidad donde corresponde, en quien corresponde.
La muchacha de la triple torta no necesita que Internet organice una cumbre internacional sobre su cita. Necesita observar lo ocurrido, reconocer qué le dice sobre ese hombre y decidir si eso es compatible con lo que desea para su vida.
La mujer que disfruta hacer pan en casa tampoco necesita automáticamente nuestra defensa ni nuestra condena. Necesita que respetemos su elección mientras ella respete la libertad de las demás.
Y nosotras necesitamos algo todavía más importante: no llenarnos la mente y el espíritu con cada polémica que el algoritmo coloca frente a nosotras.
Porque la atención también se elige.
Y quizá esa sea una de las libertades que menos protegemos.
Recuerda:
Tampoco alguien que te imponga el personaje que debés interpretar.
Alguien que pueda compartir el escenario sin pedirte que apagues tu luz.
As simple, as that.
Dejo esto aqui, para que no se te olvide, ni a ti, ni a mi.🐾💕
Cheers, Loba Rosé🥂

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